Juan Carlos Sanz, recrea un clima excelente y alcanza momentos de gran belleza.

 

La historia es tan simple que poca intriga suscita, de hecho es un texto que se tardó en valorar, por eso es digna de aplauso la adaptación y el montaje que ha encarado con tan buen tino Juan Carlos Sanz, la exposición es calara, entra directamente en el asunto y resuelve el montaje con una escenografía muy eficaz diseñada por Cristina Domínguez y María Gil, una iluminación precisa de Inda Alvarez, y el espacio sonoro de Germán Collado, permite que los personajes se muevan por varios decorados. La buena disposición de unas luces, unas rueda, unos hierros, la ambientación sonora y el acertado movimiento de los actores, bien administrado todo ello por Juan Carlos Sanz, hacen que brote la alquimia, el ¡ale hop! la magia del teatro y exista la fiesta, el palacio, el campo y las tribunas del torneo.

 

Los actores forman un buen conjunto, rasar un reparto con ocho actores y cometidos tan desiguales en brillo y en tiempo no es tarea fácil y Juan Carlos Sanz lo consigue.

 


Luis Muñoz Díez 

Para leer el artículo completo: Revista Tarántula

 

Para leer el artículo completo: El norte de Castilla

Lope de Vega, maestro entre los maestros, teje un drama lleno de requiebros, engaños, desdenes y afrentas en los que la palabra hecha verso es la verdadera protagonista. Por cierto, el trabajo de Antonio Domínguez como asesor de verso ha sido imponente por haber conseguido, por un lado, que se evite la prosificación del verso y, por otro, una claridad y una homogeneidad en la dicción del texto por todos los actores. (...)

 

Equipo compacto

Todo sucede en un espacio en donde una especie de andamios móviles, a modo de rejas, que construyen los distintos ambientes con un ligero desplazamiento del pequeño entramado por parte de los mismos actores, cuando la escena cambia. (...) Tan sencilla e inteligente propuesta escenográfica es del tándem que forman Cristina Domínguez y María Gil.

 

 El espacio sonoro, que comienza en una especie de discoteca actual, con sonidos rítmicos estridentes, reiterativos, machacones y de un ritmo repetitivo hasta la extenuación, como los de cualquier macrofiesta actual que se precie, en medio de flashes de luz estroboscópica. Más adelante, ese sonido da paso a otros que marcan un ambiente más intimista. El espacio sonoro es de Germán Collado.

 

Hay que subrayar también el extraordinario trabajo dramatúrgico que ha llevado a cabo Juan Carlos Sanz al haber despojado el texto de Lope de las alusiones religiosas, sin que por ello el verso se haya visto afectado en ningún momento, y la riqueza lingüística y la sonoridad, musicalidad y armonía del verso de Lope sigan brillando en su máximo esplendor en esta versión. Esta es una de esas propuestas que echan por tierra esa vieja y, afortunadamente, ya casi desterrada idea de que los clásicos son intocables, que es una traición al espíritu de sus obras someterlas a cualquier retoque por pequeño que sea, para no desvirtuarlas. No, de verdad que no. Acudan a ver esta propuesta, y después hablamos...

 

José Miguel Vila

Para leer el artículo completo:  Ocio Crítico

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